Golpe de calor

Los especialistas advierten que existe un alto riesgo de sufrir un golpe de calor practicando deportes de montaña cuando la temperatura ambiente supera la de nuestro cuerpo.

El riesgo de sufrir un “golpe de calor” mientras se practica excursionismo durante el verano es muy alto cuando la temperatura ambiente supera la de nuestro cuerpo, una situación que se repite a menudo en nuestro país durante los meses de verano. Sin embargo, muchos aficionados no son conscientes de este peligro y caminan durante las horas centrales del día desatendiendo las alertas por altas temperaturas y los consejos de las autoridades sanitarias originando incidentes como el de este fin de semana en el pico Cueto Albo, en Picos de Europa, cuando un excursionista tuvo que ser evacuado en helicóptero a causa de una hipertermia.

“El golpe de calor es una emergencia médica con aumento de la temperatura del cuerpo por encima de los 40 ºC y alteraciones del Sistema Nervioso Central que se produce cuando a causa de la alta temperatura exterior o por un alto índice de humedad, falla nuestro sistema de regulación de la temperatura corporal y el cuerpo no puede sacar afuera todo su calor”, nos cuenta Antonio Ulloa, médico instructor de urgencias y rescate en montaña. Si no se ataja a tiempo, el golpe de calor puede llegar a ser mortal, con tasas de mortalidad de hasta el 70 por ciento. “El golpe de calor es distinto de la insolación –advierte Antonio Ulloa– y puede ocurrir incluso en ausencia de sol, sobre todo si la humedad ambiente es muy alta, como puede ocurrir en los momentos previos a una tormenta o en zonas cercanas al mar”. Los niños y los ancianos son especialmente vulnerables a este riesgo.

Sentido común

¿Cómo evitarlo? “Con sentido común –señala Antonio Ulloa. También en verano hay que mirar los boletines meteorológicos, y si se pronostican altas temperatura (alerta meteorológica por ola de calor) dejar la actividad para otro día. La montaña seguirá ahí. Las medidas para prevenir el golpe de calor las estamos escuchando incluso en los telediarios: no hacer ejercicio durante las horas centrales del día, beber mucha agua, cubrirse la cabeza, etcétera”.

El golpe de calor viene precedido por algunos síntomas evidentes. El primero suele ser la sed (aunque no siempre ocurre), la sequedad de la boca, el enrojecimiento de la cara, la piel seca y, en un segundo estadio, la desorientación espacial y temporal, dolor de cabeza, problemas de visión, delirio, alteraciones en la marcha, convulsiones, y, si no se trata rápido y correctamente, el coma y la muerte. Si notamos los primeros síntomas, o se los notamos a un compañero, lo primero que debemos hacer es parar y buscar un lugar más frío a la sombra, o “fabricarlo” nosotros con ropa, una manta térmica o cualquier objeto que pueda dar sombra.

Primeros auxilios

Los primeros auxilios irán encaminados a enfriar rápidamente a la víctima mojándole colocándole compresas húmedas sobre el cuerpo –se cree que es especialmente efectivo colocarlas en axilas, frente e ingles–, dándole aire y, siempre y cuando esté plenamente consciente, dando de beber al afectado agua abundante, el equivalente a uno o dos vasos cada diez o quince minutos, pero no de golpe ni excesivamente fría “ni cargada de sales minerales que, consumidas en exceso, podrían retrasar su absorción” –advierte el doctor Ulloa”.

Si el golpe de calor sólo ha sido incipiente, después de descansar e hidratarse adecuadamente, y cuando el calor haya descendido, el paciente podrá volver a caminar por su medios pero vigilándolo constantemente por si reaparecen los síntomas y no permitiéndole, en ningún caso, ir solo. Si la hipertermia es severa será inevitable buscar ayuda inmediata para evacuar lo antes posible al paciente hasta un centro hospitalario.

La vestimenta

“Muchos deportistas no dan la suficiente importancia a este asunto –dice Antonio Ulloa. No llevan suficiente agua (en verano un excursionista debe beber entre tres y cinco litros de agua al día o incluso más en función de la actividad, temperatura ambiente y humedad, edad, grado de entrenamiento, etcétera.); y van incorrectamente vestidos, con prendas que evacuan con demasiada rapidez la transpiración, y con pantalones cortos o con el torso desnudo, lo que no ayuda precisamente a la correcta termorregulación corporal. Siempre lo digo en mis conferencias: nunca he visto a un tuareg corriendo en pelota por el desierto”.

Fuente: Desnivel

Foto: Darío Rodríguez