Argentina: Huella Andina

María Taurizano es la primera persona en recorrer todas las picadas habilitadas de Huella Andina, el sendero creado por Parques Nacionales y el ministerio de Turismo, que recorre las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. Durante un mes recorrió 400 kilómetros por senderos de montaña, visitando hermosos bosques, lagos y cerros. Lo hizo en solitario y sin vehículo de apoyo, uniendo las ciudades en colectivos y a dedo. Afirmó que la experiencia resultó fascinante y que el recorrido de Huella Andina transita lugares de gran belleza.

Ayer completó el último tramo, entre Aikén Leufú y lago Bagilt, en el Parque Nacional Los Alerces. “Huella Andina es fantástica, se la recomiendo a todos”, aseguró en diálogo con “Río Negro”. Aseguró no ser experta en montaña y tampoco muy deportista. No obstante, le gusta mucho caminar y junto a su hijo menor (21 años) recorrióen el 2011 la “Ruta de Lycia”, 500 kilómetros por Turquía. El 7 de abril parte para hacer el Trekking del Anapurna (Himalaya).

Horacio Pelozo, coordinador general de Huella Andina, dijo que “María confirmó el objetivo por cual se creó Huella Andina, un sendero pensado para personas sin mucha experiencia en montaña”. Informó que será la primera en recibir el diploma previsto para los que completen todos los tramos del circuito.

Su recorrido, por 25 sendas, incluyó todo tipo de vivencias. En primer término caminó las sendas aledañas a San Martín de Los Andes, entre los lagos Paimún, Epulafquen, Currué y Lolog. Luego viajó en micro hasta Villa Traful y encaró la travesía hacia Villa La Angostura, pernoctando en la “Tapera de los Lagos”. “Me habían dicho que en este lugar había pumas, así que reconozco que pasé la noche con algo de miedo. En la práctica, si venía un puma, no podía defenderme”, recordó.

Argentina: Huella Andina - María TaurizanoEn la sureña localidad neuquina visitó el Bosque de Arrayanes y regresó caminando en el día. Viajó a Bariloche y Colonia Suiza y allí continuó por el Valle de Casa de Piedra hasta el refugio San Martín, en Laguna Jakob. “Un lugar idílico, sueño con poder estar unos cuantos días allí”, afirmó. Reconoció que el descenso por el valle Casalata fue uno los tramos más difíciles y que pensó que se hundiría en los pantanosos mallines que tuvo que cruzar.

Luego caminó por bosques y montañas hasta El Bolsón y el Parque Nacional Lago Puelo. Continuó en colectivo hasta Esquel, donde recorrió los últimos 6 senderos. También se encontró con la insólita disposición de Parques, clausurando la picada hacia el lago Krügger, “por mal tiempo”.

Uno de los sitios paradisíacos que recorrió es la Playa del Francés, en el lago Futalaufquen. “Es un lugar al que añoraba llegar, lo había conocido hace 20 años. Si bien el sendero concluía en la Punta Mattos, a 3 kilómetros, decidí quedarme allí. Es uno de esos lugares donde me quedaría para siempre. Siempre fui y soy feliz en este lugar”, afirmó.

“Al llegar me sentí apabullada por la cantidad de tráilers, motorhomes y gente. Di muchas vueltas. Sentía que en tantos años de ausencia había perdido por abandono un lugar que me era propio. No lograba encontrar el sitio para plantar mi casa azul. Empecé a dar vueltas y me reencontré primero con las grosellas rubias, frondosas, y profusas de frutos pulposos y maduros, y muy cerca, más arriba los guindos. Finalmente, también encontré un lugar para mi carpa”, recordó.

Fuente y fotos: Diario Río Negro